
Existen pocos casos.
Pero existen.
Personas que aprenden el oficio
por cuenta propia.
Sin maestros.
Sin tradición familiar.
Sin formación institucional.
Algunos llegan a las palabras
por curiosidad.
Otros,
por necesidad.
Y también están quienes,
después de años de convivir con el oficio,
deciden comenzar a estudiarlo solos.
Los autodidactas suelen buscar
tratados antiguos,
cuadernos incompletos,
símbolos dispersos
y registros olvidados.
Muchos recorren mercados usados.
Otros copian anotaciones
de viajeros,
curanderos
o marcadores itinerantes.
Algunos
no logran avanzar demasiado.
Otros
consiguen comprender ciertas prácticas
con bastante precisión.
Y unos pocos,
con el tiempo,
llegan a convertirse
en marcadores profundamente respetados.
Autodidactas
cuyos conocimientos fueron construidos…
en el silencio.
Deja un comentario