
Mucho antes de la existencia del Ministerio,
el oficio ya era transmitido entre personas.
Todavía hoy,
gran parte de los practicantes
aprende de esa manera.
Por tradición.
Existen familias que conservan cuadernos,
símbolos,
anotaciones
y palabras desde hace generaciones.
También existen:
viajeros,
curanderos,
escribas
y practicantes aislados
que enseñan el oficio
fuera de toda formación oficial.
En muchos casos,
el aprendizaje ocurre en lo cotidiano.
Dentro de una casa.
En talleres pequeños.
En mesas compartidas.
O acompañando
a otra persona durante años.
Algunos aprenden unas pocas palabras.
Las necesarias para:
su hogar,
su trabajo
o su vida diaria.
Otros continúan profundizando
hasta convertir el oficio en el centro de su vida.
Dentro del oficio,
muchos sostienen
que las palabras aprendidas por tradición
suelen conservar algo difícil de explicar.
Una relación más íntima entre:
la persona,
la práctica
y la vida diaria.
Por esa razón,
todavía existen regiones
donde los nombres
más respetados del oficio
jamás pasaron por una institución oficial.
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