
El ejemplar se registró por primera vez en la Tierra de Lectores
y pasó de mano en mano como cualquier otro libro.
Su contenido parecía sencillo.
Las palabras no cambiaban.
Todos leían lo mismo.
Nada en sus páginas hacía pensar que pudiera ser peligroso.
Pero los problemas comenzaron poco a poco.
Al principio,
los lectores olvidaban cosas pequeñas.
Nombres.
Objetos.
Conversaciones recientes.
Nadie relacionó aquellos incidentes con el volumen.
Pero con el tiempo,
los casos comenzaron a repetirse.
Algunos lectores olvidaban direcciones conocidas.
Otros confundían recuerdos importantes.
Y varios experimentaban lagunas en sus recuerdos.
Lo más inquietante era que,
al abandonar el libro o finalizarlo,
la memoria parecía regresar.
Aunque no siempre por completo.
Algunos recuperaban casi todos sus recuerdos.
Otros conservaban vacíos imposibles de explicar.
El caso más grave registrado fue el de una lectora que perdió,
por completo,
la memoria de sí misma.
No recordaba su nombre.
Ni su edad.
Ni el lugar donde vivía.
Sin embargo, podía repetir fragmentos exactos del libro.
Recordaba páginas enteras.
Párrafos completos.
Líneas precisas de diálogo.
El caso fue trasladado al monasterio.
Los guardianes de la Biblioteca Prohibida
dedujeron entonces la verdadera naturaleza del volumen.
El problema no era que el lector olvidara algo.
Lo peligroso era
que comenzaba a olvidar su propio lugar.
A partir de ese momento,
el ejemplar fue retirado de circulación.
Hasta el día de hoy permanece sellado.
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