
No todos los lectores permanecen en la biblioteca.
Algunos se instalan en los jardines.
Otros recorren las casas de los lectores.
Y hay quienes prefieren reunirse en la cofradía.
Aun así, cuando un lector necesita un libro…
no siempre es necesario ir a buscarlo.
En ciertos momentos,
sin previo aviso,
aparece.
Un pequeño carro.
Discreto.
Cargado de libros.
Nadie lo conduce.
Nadie anuncia su llegada.
Simplemente está.
Se detiene cerca del lector
como si supiera.
Algunos dicen que responde a lo que uno busca.
Otros, que se adelanta.
Lo cierto es que, cuando aparece,
suele haber algo ahí
que vale la pena abrir.
Se recomienda, sin embargo,
mantener actualizados los registros en la biblioteca:
gustos de lectura,
intereses,
y la clasificación (D.U.L) a la que pertenece.
Esto permite que el carro
llegue mejor orientado.
No se incluye el servicio de
la biblioteca responde.
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